Biografía
Elena Shestopalova es una abuela, madre y esposa cariñosa. A lo largo de su vida, ha procurado ayudar a los demás. En otoño de 2025, tras su hija Vladlena, fue sometida a enjuiciamiento penal por su fe en Jehová Dios. «Tengo que aprender a confiar en las personas de nuevo», compartió Elena.
Elena nació en el verano de 1965 en la ciudad de Aleksandrovsk-Sajalinski, ubicada en la costa occidental de la isla de Sajalín. Es la del medio de tres hermanas. Aunque sus padres profesaban creencias diferentes, la familia era unida. Su padre trabajó toda la vida como conductor y su madre en una fábrica local de pescado. Según recuerda Elena, su padre era respetado por su disposición a ayudar, y cuando falleció, se publicó una esquela en el periódico local.
Sus padres enseñaron a las niñas a ayudar a los demás. «Mamá me enviaba con regalos a las vecinas ancianas —recuerda Elena—. Las obsequiábamos con carne y tocino casero. Si era necesario, lavábamos los platos o el suelo. Al mismo tiempo, mamá decía que nunca debíamos aceptar dinero por ayudar. Solo podíamos aceptar un caramelo o una galleta».
Elena creció siendo una niña deportista. En verano le gustaba nadar y andar en bicicleta, y en invierno practicaba esquí y participaba regularmente en competiciones. También le gustaba tejer. Al terminar la escuela, ingresó por libre en la Facultad de Agronomía del Instituto Agrícola de Ussuriysk (actualmente PGSJAA). Participó activamente en la vida estudiantil: ayudaba a quienes necesitaban apoyo académico y fue delegada de grupo.
En el instituto, Elena conoció a su futuro esposo, Nikolái, estudiante de la Facultad de Zoología. Se casaron en 1987 y se mudaron a la ciudad natal de Nikolái, Birobidzhán. Criaron a dos hijas que ya tienen sus propias familias. Elena y Nikolái disfrutan de paseos a pie y en bote. Le gusta disfrutar de la belleza de la naturaleza, observar aves, tomar fotografías y grabar vídeos. Suele visitar su ciudad natal en Sajalín y caminar por la orilla del mar.
Elena está jubilada. A lo largo de su vida, trabajó como técnica de laboratorio en un laboratorio biológico, como trabajadora social, y también como agrónoma en la colonia educativa de Birobidzhán. Ayudó a su esposo con actividades comerciales, y en los últimos años antes de jubilarse trabajó como limpiadora en el Gobierno del AEJ.
La mujer recuerda cuándo empezó a reflexionar sobre la existencia de Dios: «Aproximadamente en 1985, en una clase de fundamentos del ateísmo científico, la profesora nos aconsejó: "Si se les acercan personas creyentes y les hablan de Dios, no les presten atención, porque sin duda van a convencerlos de que Dios existe". Desde entonces quise averiguar si Dios existía realmente». Gracias a una excompañera de trabajo conoció a los testigos de Jehová, comenzó a estudiar la Biblia y en verano de 1995 se bautizó.
«Para mí, estudiar la Biblia fue como obtener una segunda educación universitaria —compartió Elena—. Lo que aprendí en ese libro me ayudó a corregir rasgos negativos de mi carácter. Recuerdo que mi esposo le dijo a su hermana: "Estudia la Biblia con los testigos de Jehová. Lena se ha vuelto más sabia y tranquila". Aplicar los principios bíblicos me ayudó a conservar y fortalecer nuestro matrimonio. Además, pude criar hijas sabias y bondadosas».
El enjuiciamiento penal cambió la vida cotidiana de Elena y su familia. «El que más sufrió por el estrés fue mi esposo, que no comparte mis creencias religiosas... También lo sintieron mis hijas, familiares y amigos cercanos. Ellos se preocupan mucho por mí», relató la creyente. Ella misma comenzó a tener problemas de presión y tuvo que buscar ayuda médica debido a la ansiedad y el insomnio.
