Transcripción:
Su señoría, quisiera decir de inmediato que después del derrame cerebral me resulta difícil formular mis pensamientos, por lo que mis seres queridos me ayudaron a expresar en esta última palabra todo lo que pienso y siento.
Lo primero que quiero mencionar es que me duele ver lo que está ocurriendo. Recuerdo lo que sucedía antes de 2017. Expertos que no tenían ni la formación adecuada ni la calificación pertinente, por voluntad de alguien, elaboraban dictámenes que provocaban que las publicaciones de los Testigos de Jehová fueran incluidas en la lista de materiales extremistas. Después, cuando aparentemente se alcanzó la cantidad necesaria, empezaron a declarar extremistas a las organizaciones locales. Finalmente, se liquidó el Centro Administrativo de los Testigos de Jehová. Todo esto ocurrió de manera metódica y gradual. Y ahora se ha reducido simplemente a demostrar que la persona sigue siendo Testigo de Jehová después de 2017, que no ha renunciado a su fe ni a sus principios. Y aunque el Tribunal Supremo remarcó que, según la ley, los Testigos de Jehová no están prohibidos y tienen derecho a practicar su religión en Rusia, en los tribunales del país parece que las decisiones no se toman conforme a la ley, sino según la voluntad de alguien.
Tengo 80 años y me duele ver junto a mí en el banquillo de los acusados a buenas personas, cuya vida está en pleno apogeo y que ya llevan tres años castigados simplemente por sus convicciones; se ven obligados a explicar a los demás cosas evidentes solamente por la voluntad de alguien más. No hay ninguna víctima, nadie podría recriminarles que desean el mal, que amenazaron o hicieron algo para causar daño a otros. Simplemente siguen siendo quienes son, aunque el viento cambió.
Me duele ver cómo buenas personas que representan el poder ejecutivo y judicial se ven obligadas a actuar según la voluntad de alguien, y no estrictamente conforme a la ley. Me duele que, en mi vejez, se me haya etiquetado de extremista …