Transcripción:
Durante mucho tiempo pensé qué quería decir en mi última palabra, de qué hablar, qué solicitar. Al principio quería contar sobre la operación “Norte”, la mayor expulsión de creyentes, que este año cumple 75 años, y que la historia se repite. Después pensé en relatar cómo fue la investigación, lo absurdo de la acusación, pero por alguna razón mi corazón no lo sentía.
Por eso simplemente quiero contar cómo han transcurrido mi último año y ocho meses. Antes, siempre me resultaba interesante vivir. Amaba el estudio, los viajes, los idiomas, el deporte, mi trabajo, personas profundas y buenas. En general, disfrutaba cada día de mi vida. No me gustaba dormir mucho, ya que siempre quería despertar temprano y descubrir qué me depararía el nuevo día.
Pero el 5 de diciembre de 2024 mi vida cambió. Me abrieron un caso penal, realizaron un registro en mi casa, me llevaron a la dirección de investigaciones. Y ya no volví a casa. Al principio, siempre estaba sola: dos días en la celda temporal, luego me llevaron al tribunal en una camioneta, y después el tribunal me envió al centro de detención preventiva.
Todas las personas reaccionan de manera diferente al estrés: lucha, huye, paralízate. Mi reacción, probablemente, fue paralizarme. Voy camino al centro de detención, me quedo quieta y pienso: “Vaya, en qué lío estoy. ¿Qué pasará ahora? ¿Me golpearán, pondrán agujas bajo las uñas, me enviarán a celdas de presión?”
Llegamos al centro de detención preventiva. Es invierno, nieve, el centro de detención número 6, como de costumbre, no nos deja entrar, nos quedamos en el vestíbulo durante dos horas. Entonces el conductor se traslada con nosotros y empieza a hablar: “No tengan miedo, allí no los lastimarán, allá hay buenas personas, tanto entre los reclusos como entre los empleados. Leerán, tejerán, dibujarán, esperarán los juicios”. Por supuesto, en ese momento era difícil creerlo, pero tras sus palabras, el nuevo lugar no parecía tan opresivo, y sentí que Dios mismo …